jueves, 9 de junio de 2016

Los materiales educativos impresos: esas pequeñas cosas que funcionan



Quiero dedicar este espacio a reflexionar sobre uno de los recursos con el que los profesionales contamos para llevar a cabo la labor de información, orientación y apoyo a intervenciones de prevención y promoción de la salud: los materiales educativos impresos (MEI); un elemento tan utilizado como, a veces, denostado por los profesionales dedicados a la promoción de la salud.


Los MEI complementan programas educativos con objetivos que pueden variar desde la sensibilización hasta la adaptación de conductas que conduzcan a la salud. En todo caso, proporcionan información sobre promoción de salud, prevención de enfermedades, modalidades de tratamiento y autocuidados, desarrollando de forma sintética informes, consejos y recomendaciones en materia de salud. Además de este aspecto tangible, es interesante el juego de significados que se le asignan: por un lado, el lector le asigna credibilidad y confianza a lo escrito y, por otro, los materiales transmiten prestigio y autoridad de la institución que lo elabora.

Si se utiliza un lenguaje, unos valores y unos mensajes cercanos, se convierten en elementos muy útiles para favorecer el intercambio de informaciones. Tanto en la educación grupal como en la individual en consulta, aclara, fija la atención, recuerda ideas. A los profesionales el contenido le sirve de referencia en las intervenciones educativas y, si se tiene en cuenta en su diseño, se pueden utilizar en los medios digitales. Por ello es crucial la participación de la población y de los profesionales que los van a utilizar en su elaboración.

El número de materiales educativos impresos elaborados por instituciones, asociaciones o empresas dedicadas a la salud es elevado a pesar de los recortes económicos de los últimos años. La publicación de un folleto es el resultado de un proceso de edición complejo que requiere tiempo y recursos humanos con conocimientos técnicos y experiencia en diseño y elaboración de contenidos. El gran número de folletos editados y el elevado número de recursos dedicados a su elaboración exige asegurar su eficiencia y calidad.

Diferentes manuales y estudios se dedican a definir el proceso, a identificar y validar criterios para el diseño de los materiales educativos dirigidos a pacientes y población, y a valorar la legibilidad y comprensibilidad de los materiales educativos: 


Aunque no conozco ninguna evaluación de la calidad de los materiales editados por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, el estudio realizado en 1995 Actitudes de los profesionales sanitarios ante los materiales didácticosde educación para la salud, el número de peticiones y la experiencia de las opiniones recibidas nos indican que gran parte de los mismos son muy bien valorados por los profesionales que los utilizan como apoyo a su práctica cotidiana. Sobre todo es así, en aquellos que se ajustan o complementan las intervenciones que los profesionales realizan.

Hay otros aspectos cruciales menos analizados, ¿Cómo conseguimos que la población y los pacientes accedan a los materiales que elaboramos? ¿Qué resultados de aprendizaje obtenemos con ellos? Me gustaría centrarme hoy en el primero, en las tareas de difusión y distribución. No es suficiente publicarlo y esperar que nos lo soliciten, ni dejarlo en una mesa y esperar a que se lea. Es preciso planificarlas y contar con recursos para ello. ¿Le dedicamos el tiempo necesario?, ¿Le damos valor a la difusión y al reparto? Recomiendo la lectura del estudio de Anselmo Peinado anteriormente citado pues ofrece claves interesantes en este sentido.

Desde hace años la Comunidad de Madrid cuenta con recursos dedicados a este ámbito:

- Un sistema de difusión, demanda y distribución de materiales reconocido y muy valorado por los profesionales que intervienen.
- Una empresa que gestiona el reparto de materiales.
- El Centro  Regional de Documentación de Educación Sanitaria.

En el año 2000 se realizó un trabajo titulado Distribución de materiales. Un apoyo en el asesoramiento a intervenciones de prevención y promoción para la salud. En él se evaluó el canal de demanda y de distribución de materiales en función de las variables: tipo de instituciones solicitantes, cantidad solicitada, tema, uso y demora entrega. Las conclusiones obtenidas indicaron que el análisis de la demanda y la distribución de materiales es útil para:
  • Conocer las intervenciones realizadas en un territorio: centros, metodología, temas.
  • Conocer la necesidad de reediciones y nuevos materiales adaptados a la realidad.
  • Reorientar el tipo de apoyo y asesoramiento ofrecido a los recursos de la zona.

El estudio evidenciaba que si los materiales se consideran un apoyo a las programas de prevención y promoción de salud requieren de un sistema de difusión que los acerque a los profesionales que intervienen, que gestione la entrega y el stock, y que haga un seguimiento y análisis de las demandas que permita la detección de nuevas necesidades.

En la actualidad, este sistema ha sufrido cambios:
  • La información de nuevas ediciones de materiales no siempre llega a los profesionales por lo que la tarea de acercarlos a las intervenciones se complica.
  • La aplicación que facilitaba la tarea de reparto, gestión del stock y análisis de la distribución realizada dejó de funcionar por motivos administrativos sin que se sepa cuándo se solucionará. 
         
    
    ¿Qué papel tienen los materiales educativos en la era digital? 
    ¿Siguen siendo necesarios? 
    ¿Por qué no se le da valor a esas pequeñas cosas que funcionan?



Maribel Sillero Quintana. Trabajadora Social de Salud Pública

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