jueves, 14 de diciembre de 2017

Residencias de ancianos: una experiencia personal


La crisis económica, los cambios culturales, sociodemográficos y el aumento de la esperanza de vida están dando lugar a modificaciones importantes en las demandas asistenciales de las personas mayores, y poniendo en evidencia que la respuesta por parte de los servicios sociosanitarios es insuficiente ante el reto que esto representa.

Cada vez son más las personas que, por voluntad propia o por situaciones de dependencia física, psíquica o social, acuden a una residencia llegando a esta etapa de la vida. 


Tradicionalmente eran las mujeres las que se hacían cargo del cuidado de los ancianos en casa, pero con su incorporación al mundo laboral y el regreso de muchas mujeres inmigrantes a sus países de origen, eso ya no es posible en todos los casos.
 

La administración, por medio de una red de residencias públicas, debería dar respuesta adecuada a esta demanda que la sociedad reclama cada día con más fuerza, creando con ello además un gran número de puestos de trabajo.
 

¿Se adecuan las residencias a las necesidades reales de los residentes?
 

En las residencias de mayores, el trato suele ser poco individualizado debido a una acusada falta de personal y a una escasa motivación de la plantilla (sobre todo en las privadas), puesto que normalmente funcionan con el personal mínimo exigible por la comunidad autónoma en la que se encuentren, el cual no es suficiente para dar una atención personalizada y de calidad.


En la actualidad se ha creado una nueva corriente de residencias denominadas “sin ataduras”, las cuales limitan al máximo el uso de contenciones mecánicas y farmacológicas en sus usuarios. Esta medida es un gran avance en la humanización de los cuidados en las residencias, pero tiene que ir acompañada de un aumento del personal, y mejora de equipamiento, en caso contrario no será una medida eficaz ya que, en consecuencia, pueden producirse más caídas u otros accidentes si no se vigila estrechamente a los ancianos.
 

En mi caso, por suerte, mi periodo de trabajo en una residencia privada con 160 residentes a mi cargo junto con la ayuda de 3 auxiliares en turno de noche fue corto, no quería ser cómplice de ese trato a los mayores. Mi experiencia dice que no se les brindan los cuidados necesarios en muchos casos porque en este tipo de residencias se prioriza el beneficio económico más que el bienestar de las personas.
 

No se puede permitir que se trate así a los ancianos, con unos cuidadores que no tienen casi tiempo para asearlos, curarlos o darles de comer cuanto menos para dedicarle unas palabras o escuchar sus experiencias. Las residencias privadas cuentan con una plantilla de trabajadores escasa, poco motivada y mal pagada, a pesar de que los residentes pagan altas sumas de dinero cada mes.
 

Una de las causas de este problema es el déficit de plazas públicas para ancianos que se traduce en una elevada demanda de residencias privadas. También hay que tener en cuenta la precariedad laboral, cuando alguien necesita un trabajo acepta cualquiera que le ofrezcan. 

Pensemos en el tipo de cuidados que queremos dar a las personas que tratamos, no vale todo. Debemos esforzarnos en dar unos cuidados individualizados para cada residente, con humanidad y buen trato, ser buenos profesionales y dar una atención de calidad, en número y cualificación, acorde a las necesidades de los usuarios de este tipo de instituciones.


Inés Gutiérrez Corroto. EIR 2 de Enfermería Familiar y Comunitaria


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